Diablos, y azules!


Suena el celular. Su voz preocupada interrumpe el tiempo; me aleja de todo, y de la nada su rostro invade el espacio; me busca, me halla sumiso. Sus ineludibles preguntas se trasladan con una lentitud escalofriante hacia mi casi vacío baúl de excusas. Anoche, fabriqué mil socolores asesorado por mis diablos azules; hoy todos se espantaron de mi mente y se han ido volando al escuchar su voz. Me instalo de paracaídas el único pretexto que parece creíble y me arrojo al vacío, quizá ella cruza los brazos y tan sólo espera a que me desplome como un ave herida. Titubeo, dudo, sobrevuelo mi memoria buscando sus versos favoritos, pero la resaca aún me los está robando. Finalmente caigo sobre sus manos como una fruta madura, listo para ser licuado, bebido y regurgitado. Continuará… si sobrevivo.

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