PARIS PARA POETAS


Pasé el fin de semana lamentando la pérdida de mi celular; lo extravié de la manera más irrisoria posible, simplemente bajé de mis nubes, revisé mis bolsillos y ya no estaba. Lo que en verdad me duele es haber olvidado transcribir a mi cuaderno los contenidos, pues tenía almacenado allí algunos poemas que me habían enviado, y claro, otros tantos que yo había compuesto.

En el largo camino que he recorrido ya -siempre con mis zapatillas simples- he terminado perdiendo muchas cosas, valiosas y no. Se me vienen a la mente por ejemplo aquella cadena y esclava de oro que me regaló mi padre sólo por terminar la secundaria, el reloj de catálogo que mi madre me obsequió por mis dieciocho, mi primer gadget; un mp4 de color azul, el skate que no me pertenecía, un celular antiquísimo, un discman, mi segunda BMX, un mp3 que todavía busco, y ahora mi celular, en fin, quizá únicamente porque todo lo mencionado vale algo de dinero es que no me duele tanto, no es como perder amigos; sentirás que el cielo se abre, cae un rayo y te parte el alma.

El sábado me fui a la laguna de Huacachina tan sólo para despejarme y tratar de escribir algo, al menos así lo imaginé. Cuando llegué me puse cómodo bajo una palmera, saqué mi libreta de apuntes y simplemente no se me ocurrió nada, luego leí ese poema tan necesario de Benedetti y creí parpadear. Tras mis oscuras gafas, que al fin me habían sido devueltas, sentí como la nostalgia se dibujaba en mis ojos, yo ignoraba el motivo ó talvez no lo quise reconocer, de pronto algún grito chirriante asesino mi tranquilidad tibetana; niños, pequeños alborotadores en actividad, padres de sobresaliente tejido adiposo soltando risotadas sin cesar, y yo queriendo olvidar que significa Ahimsa. Un mal día, me sentí invadido; no pude sentirme solo, regresé a casa.

Otra historia fue la del domingo, me comí las horas viendo películas muy variadas e interesantes, pero una me llamo la atención; “Paris, je t’aime”, en realidad es un compendio de historias cada una más inesperada que la otra, uno de estos cortometrajes terminó por atraparme y llevaba por titulo: “Pere – La Chaise” o algo así, lo importante es que la historia es sazonada por la presencia del gran escritor y poeta Oscar Wilde. Vi ese pequeño extracto de la película como tres veces, luego recogí mi liviana humanidad del mueble y salí a caminar.

Yo conocí a Wilde a los once años, mi abuelo me lo presentó, estaba dibujado en la contraportada de un libro; de cabello algo crecido pero bien cuidado y traje negro, se veía algo misterioso, aunque lo que resaltaba era su estructura apolínea, en todo caso eso es lo que decían mis novelescas amigas. “El retrato de Dorian Gray”, así se llamaba aquel libro, recuerdo haberlo leído un par de veces hace ya mucho tiempo, y quiero volver a leerlo ahora que conozco más de Wilde; sus pensamientos, sus poemas, su vida, y hasta las criticas que lo tildaban de bisexual.

Ya en la noche, recuerdo también que yo quería ser un bardo noctívago; usaría lentes, una bufanda y me vestiría con ropas opacas, del mismo modo deseaba casarme con una artista plástica ó una poetiza, viajar a la India, vivir en Hawai, y morirme en Paris con aguacero, pero algunas cosas han cambiado; quizá ya no quiera casarme, quizá simplemente rapte a quien ame, la lleve lejos y la salve del mundo, salvándome con ella.

A lo mejor todavía hay en mí algún remanente lírico con tufillo becqueriano, si así es porque ahogarlo en el olvido. Yo busco ese color por descubrir, ese juntar de palabras escondido, como versaba Saramago, y salvando las distancias, este poetastro de poco sueño y menos tiempo, le escribió a los dos motivos que lo hacen divagar;

Esa tu voz; que de la nada es, 10
Recorre el silencio de mis horas; 11
Suena cálida, pero distante, 10
Y a veces, de su eco fugaz; tú afloras. 11

Esos tus ojos; que de los míos son, 11
Vida suelen obsequiar flotando; 10
Y en ese viaje por el espacio… 11
Allí, me han de estar olvidando. 10



Quizá deba excusarme en mi falta de práctica, lo cierto es que me agrada hacerlo. Es algo increíble sentir esta necesidad de plasmar los sentimientos, ver como en medio del silencio brotan -de la manera más sutil- palabras melódicas, observar con la mirada en descanso como florecen imágenes de la penumbra nocturna… sólo a veces se logra capturar en un papel esos momentos, se podría comparar con ser un cazador de mariposas; sientes la vanidad en la que discurre tu tiempo, pero te produce felicidad.

Debo decir que mi fin de semana no fue muy productivo, aunque esa misma noche del domingo una amiga me prometió que me prestaría su libro de Oscar Wilde, así que posiblemente los días venideros camine con esa obra a todos lados. Ya en la medianoche me fui a dormir y desde que reposé la cabeza sobre la almohada no he dejado de preguntarme porqué Wilde diría; “los verdaderos amigos te apuñalan de frente”, hice una interpretación funesta, la asimilé, luego me sentí aliviado, como si supiera que todo esto que se fuma mi vida iba a pasar, de forma lenta, pero iba a pasar, y quizá si me muera en Paris, en Paris para poetas.

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