...en todas partes lo de siempre, qué hacer?
TRAS LAS HUELLAS DE UN LOCO
Quise hacer una semblanza sobre alguien poco común, nada convencional, poco popular, pero que resultará interesante como personaje literario, a simple vista no encontré lo que buscaba, pero logré rescatar de la diáspora juvenil a cierto roquero desaliñado que de seguro postulaba como favorito, pues cumplía con algunas de mis extrañas demandas. Es así que me encerré en mi cuartel nocturno y fui preso de las más oníricas ideas, luego pensé que a los ojos de hoy; nada puede ser tan irónico, como que un ciego melancólico haya escrito sobre aquel loco de la guitarra; Yonny Granda.
A veces se presenta en la facultad con un atuendo lóbrego, parece que a su firme caminar le rodeara una especie de miasma nocturno, su cabellera; de un contundente azabache y algo crecida, termina por darle un toque enigmático a esa personalidad de joven rebelde que él ha tallado con poca timidez y quizá, demasiada pasión. Su mediana estatura se opone fielmente a su gran coraje para desarmar el ego petulante de algún remanente de capataz draconiano, pues lleva tatuado en el alma el más plausible deseo que sólo algunos incomprendidos soñadores se atreven a perseguir; justicia, esa palabra que alimenta el espíritu de muchos, los más de ellos, humildes, otros tantos revolucionarios.
Sé que se hizo materia palmaria y visible hace ya cuatro lustros, una noche fría de abril, cuando el viejo almanaque fijado en la pared de su lecho proclamaba y restaba dos unidades a su actual edad. Tuvo una infancia de un normal transcurrir, adquirió los gustos comunes en los deportes y hacía lo que todos para sobrevivir, pero fue en su naciente adolescencia que descubre la música, lo cual transformó su forma de vivir y pensar. Fue una adicción inmediata, cada vez quería más, empezó a navegar por las vibrantes escenas roqueras y se hizo un amante insaciable de la guitarra.
Ahora, con su mirada renuente y con la misma pasión musical, se ha aferrado con garras punzantes a ese, su sueño que florece cada vez que camina solo por las calles; ser el mejor guitarrista del mundo, nada menos, ni más propio para alguien que piensa emulando a aquel poeta español que la vida es sólo eso, un sueño.
Podría orlar mis últimas palabras diciendo tantas cosas sobre él, ciertas y no, pero sólo voy a decir que es sincero y obviamente está loco, pues eso me agrada porque somos de la misma especie.
Comentarios
Publicar un comentario